Si Brasil tiene el Pantanal y Botswana el delta de Okavango, el Perú se puede sentir orgulloso de contar con Pacaya-Samiria entre sus áreas naturales protegidas. Más de dos millones de hectáreas de lagos, cochas, pantanos y humedales confluyen en este mágico lugar para convertirse en un verdadero imán para la vida silvestre acuática. Y no nos referimos sólo a los centenares de especies de peces -desde los gigantescos paiches de 200 kilos hasta los minúsculos peces ornamentales-, sino a la variada y colorida fauna que depende del agua para sobrevivir.
Todo viaje por alguno de sus ríos o lagos ofrece al viajero la oportunidad de observar al menos dos especies de caimanes: el abundante blanco de los ríos poco profundos y el majestuoso negro de las cochas de agua tranquila. Las tortugas, entre ellas la charapa y la taricaya, símbolos de la Amazonia loretana, son quizá las que mejor representan a la fauna de los lagos selváticos.
También está la anaconda o simplemente la yacumama, la “madre del agua”, como la conocen por aquí: un gigante de hasta 10 metros de largo que es capaz de engullir a un ciervo y digerir incluso sus cuernos y pezuñas. Si de simpatía se trata, el premio se lo llevan los delfines de río, ya sean el rosado o el gris, también conocido como tucuxi. Sus piruetas al seguir las embarcaciones o, simplemente, su presencia que añade belleza a los lagos, los convierten en los favoritos de todo aquel que recorra estos húmedos parajes. El mundo acuático de Pacaya-Samiria guarda entre sus sorpresas a algunos ilustres habitantes. Uno de ellos es, sin duda, el manatí o vaca marina, apacible residente de los lagos que se alimenta de enormes cantidades de plantas flotantes y llega a alcanzar los 400 kilos de peso.
Pacaya-Samiria se ubica a 183 kilómetros al suroeste de Iquitos. Su fauna es abundante: existen 130 especies de mamíferos; 330 especies de aves; 150 especies de reptiles y anfibios, y 250 especies de peces. Su flora es variada y exuberante, habiéndose identificado hasta el momento cerca de 850 especies, con una nutrida presencia de palmeras y 22 especies de orquídeas. Fue declarada reserva nacional en febrero de 1982, para conservar sus valiosos recursos de flora y fauna, así como sus bellos paisajes.
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